A difícil fusión entre Pobra do Deán e Caramiñal

Autor: Daniel Bravo Cores ( La Voz de Galicia, 9-1-2013 )

El municipio de A Pobra do Caramiñal, que en los últimos tiempos viene padeciendo una escalada de descenso poblacional que ya le ha hecho bajar un peldaño en su categoría y el consiguiente recorte de fondos estatales, estuvo a punto de convertirse en el centro neurálgico del norte de la ría a mediados del siglo XIX. Si hubiesen prosperado los dos proyectos que se impulsaron hacia la concentración territorial, ni Boiro ni Ribeira serían hoy los dos núcleos urbanos más importantes de la zona. El paso del tiempo jugó en contra del término pobrense, otrora señorial y hoy atenazado por un crecimiento vegetativo negativo.

Y es que el caso del municipio de A Pobra fue peculiar. Durante las épocas medieval y moderna, Puebla del Deán y Caramiñal habían sido dos villas distintas, aledañas una a otra, formando un solo entramado urbano, y pertenecientes, la primera, al señorío del Deán de Santiago y, la segunda, al señorío de Xunqueiras. Presas ambas villas de rivalidades atávicas ancestrales, como apuntó en su día Domínguez Fontán, su fusión fue un camino plagado de dificultades.

Los primeros pasos hacia la concentración territorial se dieron en 1822. Elevada la solicitud a la Diputación, en sesión plenaria de 23 de julio de 1822, este organismo declaró darse por enterado de la unión de las dos villas.

 

Sesión conjunta

Quince días más tarde, el 6 de agosto de 1822, se celebró una sesión conjunta entre ambas corporaciones, que proclamó oficialmente su fusión y se adoptó el nombre de Puebla del Caramiñal. Finalmente la Diputación, en sesión de 11 de septiembre del mismo año, la reconocía oficialmente como una sola población, con un solo ayuntamiento, hecho ampliamente celebrado con festejos populares y actos civiles y religiosos.

Movidos por la distinta naturaleza de ambas villas -señorial, hidalga y decadente la del Deán, frente a la industriosa y pujante Caramiñal-, los antagonismos volvieron a salir a la luz, y, antes de cumplirse un año, el 13 de julio de 1823, se rompía el compromiso y se procedió a segregar las dos poblaciones.

Los desencuentros persistieron en los años siguientes, adobados con rivalidades de orden religioso como la pugna entre ambas villas a causa de la prioridad en la celebración de la procesión del Corpus, en 1928, glosadas tan certeramente por Domínguez Fontán.

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Posted on 23 de Febreiro de 2014, in Sen clasificar. Bookmark the permalink. Deixar un comentario.

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